El patrimonio autónomo es una herramienta jurídica cada vez más utilizada en Colombia, especialmente en operaciones de inversión, construcción, administración pública o como respaldo de garantías. Entender su funcionamiento no solo es clave para su correcta gestión, sino también para evitar sanciones fiscales y optimizar beneficios tributarios.

¿Cómo funciona?
Un patrimonio autónomo nace de un contrato de fiducia mercantil, donde intervienen tres actores:
- Fideicomitente: Entrega bienes o recursos.
- Fiduciario: Administra los activos (vigilado por la Superfinanciera).
- Beneficiario: Recibe los beneficios del contrato (puede ser el mismo fideicomitente).
Al constituirse, los bienes salen del patrimonio del fideicomitente, pero no ingresan al del fiduciario, quedando protegidos y con un tratamiento especial. Esto permite usarlos para fines como administración de recursos, parqueo de activos, garantías o proyectos inmobiliarios.
Implicaciones tributarias clave
- Renta: Los ingresos, costos y gastos se atribuyen al beneficiario según su porcentaje de participación (art. 102 E.T.).
- Ganancia ocasional: Si se venden bienes a través del patrimonio autónomo o se entregan a título gratuito, puede generarse este impuesto.
- IVA e ICA: La fiducia cobra IVA si hay ingresos gravados, pero el responsable del ICA es el beneficiario.
- Información exógena: La obligación de reportar depende del rol (fideicomitente o fiduciaria) y de quién actúa como agente de retención.
Principio de transparencia fiscal
Aunque la fiduciaria administra los recursos, el beneficiario sigue siendo responsable ante la DIAN. Es decir, debe depurar gastos, verificar ingresos, evitar duplicidades y reportar adecuadamente en su declaración de renta.
¿Cuándo usarlo?
✅ Proyectos inmobiliarios
✅ Administración de recursos del Estado
✅ Operaciones entre socios o licitaciones conjuntas
✅ Como mecanismo de protección patrimonial o de inversión